lunes, 19 de enero de 2015

Psicología, salud, pasión y vida


Jorge Borja Castañeda
En los últimos decenios del siglo pasado y en los años que han transcurrido del XXI, muchos psicólogos han abjurado de su fe clínica (esto es, han dejado de tratar los problemas mentales de la gente, como quiera que se definan) y han preferido profesar la más moderna actividad de la investigación y la prevención como medios para propiciar la salud corporal, para lo cual se han armado de poderosas herramientas de estudio y de algunas recomendaciones sobre cómo prevenir los males de diver- sos tipos entre las personas sanas.
Con el mismo entusiasmo, estos psicólogos han propuesto normas conductuales para asegurar una cierta responsabilidad en el acatamiento de las órdenes de los médicos cuando las personas, por desgracia, han dejado de ser tales para convertirse en pacientes. Se trata, dicho con sus palabras, de volver a las personas capaces de prevenirse de la enfermedad y a los pacientes competentes para adherirse al tratamiento médico; sí, al tratamiento médico, no psicológico.
Con muchos datos y algunas recomendaciones que no siempre derivan del análisis de esos datos, sino del muy leal, antiguo y noble sentido común, nuestros investigadores han escrito ya para estas fechas un respetable número de artículos científicos publicados en las revistas especializadas en el tema de la salud; por supuesto, tal como la perciben los psicólogos, eso les ha valido el reconocimiento de sus pares, pero no del pueblo llano, que es el que sigue sin gozar de buena salud.
Diversos nombres han recibido estos esfuerzos académicos: psicología y educación para la salud, psicología de la salud, psicología clínica y de la salud, psicología y salud, y otros del mismo estilo. Ahora bien, a los ojos del lego, ¿cuál es la diferencia? ¿Cambia algo el propósito si se usa la preposición de o si se usa la conjunción y? Pues debe usted saber, amable lector, que sobre estas pequeñas diferencias se han escrito grandes argumentaciones que justifican su uso en uno u otro caso, siempre descalificando a quien utiliza la expresión diferente. Lo mismo se ha hecho para defender o denostar la colaboración entre lo clínico y lo sanitario, y de igual manera se ha procedido para decidir si se incluye en los análisis psicológicos a la mente o se deja nada más a la conducta como chivo expiatorio de la mala salud de su poseedor. En fin, que los psicólogos se las traen consigo cuando se trata de defender las palabras con las palabras, para lo cual la ayuda de filósofos como Ryle y Wittgenstein es inapreciable, pues es conocida su inclinación a redefinirlo todo.
Pero si eso no fuese suficiente, sin ningún temor a los dioses del Olimpo o a las maldiciones árabes, los psicólogos de los que hablamos no dudan en sacudir las tumbas de otros grandes argumentadores como Aristóteles o Maimónides, quienes, ajenos al uso muy libre de sus palabras, siguen durmiendo el sueño de los inmortales.
En el mejor de los casos –digo yo, dando mi opinión donde nadie me la pide–, el término que debe usarse es el de sanitario; por lo que el ámbito que relaciona a la psicología con la salud debería denominarse simplemente psicología sanitaria, si es que hubiere alguna justificación para su existencia. Y como el lector puede percatarse, ya estoy discutiendo sobre la pertinencia de las palabras en lugar de acordarme de los enfermos. Aun así, me parece que es una expresión más afortunada que las mencionadas líneas atrás, pues algunas de ellas violentan el buen castellano.
Lo que de ninguna manera queda claro es cómo esas sesudas discusiones en el ágora se transforman en algún beneficio para los enfermos, sí, esos que carecen de bienestar físico y mental, según la consabida definición mundial de la salud.
Diversos problemas en el campo de la salud son investigados por los psicólogos; por ejemplo, en el caso de la diabetes se sabe que quienes se encuentran mayormente en riesgo son los que tienen antecedentes familiares de esa enfermedad, los que mantienen una dieta que contiene demasiados azúcares y grasas, o también aquellas que abusan del alcohol. Estos datos se ofrecen en revistas especializadas en psicología, aunque no difieren mucho de los estudios epidemiológicos hechos por médicos. La diferencia, argumentan, estriba en que los psicólogos intentan identificar y evaluar las competencias conductuales que las personas no poseen y que las lleva finalmente a enfermar. Pero, ¿utilizar la expresión “competencia conductual” vuelve psicológico un estudio que de otra manera sería simplemente epidemiológico? ¿Cuál es la “dimensión psicológica” en el ámbito de la salud? Pero más allá de estos asuntos cruciales para la definición de lo “psicológico”, lo más importante que debe uno preguntarse es si ha disminuido el número de casos de diabetes desde que se llevan a cabo esos estudios sobre las competencias conductuales en la prevención de la enfermedad. El éxito desmesurado (y francamente ofensivo) de la venta de comida chatarra, refrescos azucarados, licores, cervezas, hamburguesas y otras delicatessen populares muestran un panorama muy diferente.
En cualesquiera de los problemas de salud estudiados se emplean cuestionarios que se aplican –por poner un ejemplo relacionado con las añejas enfermedades de transmisión sexual– a un número (entre más grande, mejor) de jóvenes para evaluar si se encuentran “en situación de riesgo” o si muestran “comportamientos de riesgo”. Las respuestas a esos cuestionarios se tratan estadísticamente para mostrar que las variables estudiadas se relacionan significativamente con el problema sanitario de interés. Pero, ¿no es la juventud sinónimo de riesgo? ¿Se requiere un estudio “científico” para hacer evidente lo obvio?
Ni duda cabe que de tanto ir el cántaro al agua éste se acaba rompiendo, por lo que la probabilidad de que los jóvenes se comporten inconscientemente (diría alguna madre preocupada) o riesgosamente (afirmaría algún psicólogo sanitario) es muy elevada, pero tal probabilidad está estrechamente relacionada con el mero hecho de que los jóvenes fueron tomados por asalto por sus propias características sexuales secundarias (hormonas incluidas), más que por la ausencia de información, para crear competencias protectoras de la salud. A todo ello hay que agregar el campo fértil en que esas hormonas pueden expresarse; me refiero a los “antros” y a otros lugares diseñados ex profeso para cobijar y propiciar las apetencias de la carne. Por si esto fuera poco, los medios de comunicación están siempre dispuestos a exacerbar los impulsos naturales dotándolos de atributos como el poder, la elegancia y algunos otros “valores” de la sociedad actual.
Pero esto lo sabe la humanidad desde hace milenios, excepto los expertos en competencias conductuales. Ser joven es estar en riesgo, es ser un riesgo. Aunque la búsqueda del peligro no sea una atribución exclusiva de los muchachos (o de las muchachas), el riesgo es consustancial a la naturaleza humana y está por encima de la cantidad y calidad de la información recibida sobre algún tema, del nivel educativo o de la capacidad intelectual del que se enferma de gonorrea o de sífilis. Que lo diga si no Enrique VIII de Inglaterra, cuya tendencia al riesgo lo hizo crear la Iglesia anglicana.
¿Tendencia al riesgo? Todos los seres humanos, en mayor o menor medida, somos buscadores de peligro, pero lo que nos hace fundar una nueva Iglesia no es la espiroqueta pálida, madre de la sífilis, sino estar apasionados por el otro sexo –o el mismo– y detentar un gran poder. Del mismo modo, lo que nos hace contraer la gonorrea es tener relaciones sexuales con una persona infectada con la bacteria Neisseria gonorrhoeae sin usar condón, mientras se es presa de una pasión que no reconoce más límites que la fase refractaria de la excitación. La pasión no es una cuestión de ausencia de competencias conductuales sino de irracionalidad. Si se pudiera apelar a la racionalidad del ser humano para enseñarle a ser competente para prevenir y cuidar de su salud no habría necesidad de análisis psicológicos; bastaría una planeación lógica de lo que la gente debe aprender.
Años y más años de información sobre los peligros que entrañan las relaciones sexuales (en todos los sentidos: desde el religioso hasta el económico) no han logrado que los seres humanos dejen de aparearse incluso en “condiciones de riesgo”; de hecho, para algunos el riesgo le añade placer al placer.
Las enfermedades de transmisión sexual no han disminuido; particularmente el sida, sigue su avance sin que las campañas hagan mella en el creciente aumento del problema. ¿Por qué la gente se sigue contagiando con el virus de inmunodeficiencia humana, o VIH? ¿Por qué las campañas de prevención no funcionan? Probablemente el problema está en que esas campañas apelan a la racionalidad de las personas, como si las razones por las que nos contagiamos tuvieran que ver con la falta de información y no con la falta de racionalidad de nuestros actos. Los psicólogos sanitarios parten del supuesto de que enseñando a la gente ésta debe aprender, pero el caso es que no aprende, en el sentido de comportarse “competentemente” para proteger su salud.
¿Necesita la gente que se le enseñe cómo ponerse un condón? ¿Necesitan las personas que los investigadores (sean médicos o psicólogos) les repitan constantemente que el medio idóneo para evitar las enfermedades de transmisión sexual es el uso del condón? No es que no lo sepan o no lo recuerden, como bien lo evidencian las mismas investigaciones. Lo que pasa es que no lo hacen. A este no hacer es a lo que algunos psicólogos llaman “carencia de competencias”. Pues bien, la argumentación es débil, dado que no explica por qué ocurre eso; simplemente se afirma que la persona debe ser enseñada a comportarse con efectividad para prevenir y cuidar de su salud, pero lo que llama la atención es que la “enseñanza” de esas competencias no surte efectos reales. ¿Por qué?
Quizá lo que ocurre es que no se entiende la naturaleza del impulso sexual, que es por definición irracional. ¿Cómo se domestica a la fiera salvaje, una vez que se ha despertado? Si el control de las pasiones no es parte integral de nuestra personalidad desde la infancia, entonces no hay manera de que las campañas que llevan a cabo psicólogos y médicos tengan algún efecto en la prevención sanitaria del sida o de otras enfermedades. El perro viejo aprende con mucha dificultad nuevos trucos. Pero el humano es racional –se aduce–; sí, posiblemente, pero no cuando se encuentra desinhibido por varios tragos de cerveza, licor, cocaína, metanfetaminas o una combinación de todas esas sustancias, mientras por delante se nos pasean las tentaciones de la carne.
Seguramente los investigadores saben que lo primero que se desinhibe (sea cual fuere la razón) es el impulso sexual. Entonces –responden raudos–, hay que cuidar que las personas, especialmente los jóvenes, se mantengan alejados de las “situaciones de riesgo” (léase: tentaciones). ¿Cómo? ¿Lo sabe alguien? Los padres son cada vez más permisivos (cosas de la modernidad paternal); los controles conscientes son también exiguos (los jóvenes están acostumbrados a hacer lo que se les pegue la gana, sin respeto a personas, valores o costumbres); los “antros”, a pesar de que éstos suelen explotar o quemarse frecuentemente, siguen prosperando (por cada uno que se llega a cerrar se abren dos), y la educación formativa de la conciencia humana es cada vez más ajena a los centros escolares. Parece que la alternativa es impedirle salir a los jóvenes. £Horror! ¿Qué harían los padres con ellos dentro de la casa? ¿De qué hablarían, si no lo han hecho en lustros? ¿Se sentarían ante la televisión, sin hablarse entre sí, tal como lo hacen papá y mamá durante horas, hasta que es tiempo de dormir? ¿O se quedarían dentro de la casa disfrutando de un buen disco de jazz, mientras papá sale esa noche a hacer lo que no quiere que hagan sus hijos?
¿Cómo está, entonces, eso de la enseñanza de competencias para prevenir enfermedades de transmisión sexual, especialmente el sida? ¿Existe un joven normal que no sea capaz de entender que el condón lo puede proteger de las enfermedades de transmisión sexual? No es falta de entendimiento lo que hace que los chicos y muchos adultos no usen el preservativo. Quizá (un quizá con muchas probabilidades a su favor) no se trate de un problema de racionalidad, sino de motivos, personalidad e historia personal, no de aprendizaje, por lo menos no como lo entienden los responsables de los programas de prevención y educación.
¿Se puede aprender, más bien aprehender, lo que no se está en posibilidades de ser aceptado como parte de nuestra vida, sobre todo si se trata de algo que atañe a nuestra intimidad, a nuestro despertar a la pasión, al amor y a la aventura? ¿Se puede aceptar sin más aquello que se siente como imposición de una autoridad que, además, no se reconoce como tal? ¿Pueden los jóvenes asumir como suyo un compromiso ante un problema que mucho tiene de mediático y poco de claridad en sus planteamientos? ¿Quién sabe realmente qué es eso del fenómeno VIH-sida? Aunque el tema es ya parte de la cultura general de la humanidad, la frivolidad con la que se aborda no garantiza su comprensión. Las campañas de prevención actúan desde una posición vertical y paternalista al indicar qué es lo que se debe y qué no se debe hacer. Las universidades, por ejemplo, no fomentan la discusión entre diversos expertos, entre los expertos y los estudiantes, entre los estudiantes y sus familias. En este estado de ignorancia, ¿qué repercusión tiene que el padre pudiera llegar a aconsejar a su hijo sobre la necesidad de usar el condón para prevenir el contagio del virus del sida?
En verdad, a las autoridades encargadas de la salud pública no les queda más que promover campañas informativas, pero el problema con la información es que no educa, sobre todo cuando ésta sólo consiste en carteles, anuncios en la televisión, anatemas en los templos religiosos y otras maneras de indicar cómo debe proceder el público al que va dirigido el mensaje “preventivo”. Prevenir, no obstante, únicamente puede consistir en reeducar.
La información es necesaria, pero a condición de que no constituya un ejercicio en el que el receptor sea tratado como un ser pasivo que recibe la información sin mayor cuestionamiento de su parte. Informar no significa “mandar mensajes imperativos”, sino el ejercicio de construcción del conocimiento entre todos los actores (la sociedad toda) de este drama médico y social que es la epidemia de sida. Prevenir es reeducar, pero a toda la sociedad, como ya se dijo, y no únicamente a los que se encuentran “en riesgo”.
Este tema no se agota en lo afirmado por los funcionarios de la salud pública. Como todo en la vida, hay siempre al menos dos versiones del asunto. Una versión distinta del problema la ofrecen otros investigadores en biomedicina, también de gran valía, al afirmar que el sida es una realidad, pero que su causa no es el VIH sino otros factores distintos relacionados con la intoxicación del cuerpo; y por muy distinta que esta opinión sea de la doctrina oficial, es algo que el público debe conocer y discutir; sólo así la información se traducirá en un cambio efectivo en el comportamiento de la gente.
Las campañas de prevención son el reconocimiento implícito de que el sistema educativo en el mundo ha sido ineficaz para formar personas pensantes que, a su vez, sean capaces de discutir los problemas que les atañen. En un tiempo en que el analfabetismo funcional de la mayoría de los habitantes del planeta no puede ser ya ocultado, ¿cómo se espera que se revierta la tendencia estadística en la epidemia de sida? Ignorancia y enfermedad siempre han ido de la mano.
Cuando las autoridades sanitarias, los médicos y los psicólogos dicen que investigan, lo que hacen es investigar lo obvio. Cuando plantean procedimientos de prevención en el campo de la salud, lo ofrecido se parece a lo que hacen los maestros que suponen que dar clases consiste en repetir a pie juntillas lo que dice el libro de texto, esperando que el alumno también lo repita sin discusión de ninguna clase, sin usar otros libros, sin consultar otras fuentes; quizá por todo ello es que se tiene la esperanza de que la gente algún día se “aprenda la lección”.
La educación, ¿quién podría dudarlo?, es esencial para el desarrollo humano. La educación para la salud es una necesidad incuestionable. Pero la educación para la salud no tiene que ser algo distinto a educar en el sentido más amplio del término. Educar es construir una percepción de la realidad, erigir un universo, y en esta tarea maestros y alumnos somos todos. Por lo mismo, no hay quien les niegue a los psicólogos su derecho a educar, pero lo que sí se les cuestiona es confundir la psicología con la educación. Eduquen todo lo que puedan, pero no afirmen que lo hacen desde la psicología.
¿Qué pueden hacer los psicólogos en el ámbito del sida? Entre otras cosas, reconocer que no hay un perfil psicológico de la persona que puede llegar a contagiarse; pensarlo así, además, contribuye a la campaña (explícita, en algunos casos) de segregación de los infectados. No hay grupos en riesgo. Ni los homosexuales, ni los drogadictos, ni los pacientes transfundidos son grupos en riesgo. El único grupo en riesgo es el compuesto por toda la humanidad.
¿Qué pueden hacer además los psicólogos en el ámbito del sida? Indudablemente su trabajo sustantivo, esto es, la labor clínica que han criticado desde la lógica de la enseñanza de las competencias conductuales. Desde la perspectiva psicológica, estar enfermo de sida no es diferente a padecer alguna otra afección; dondequiera que haya alguien que sufra moralmente (usando el término en su sentido fundamental), allí hace falta el psicólogo. Los alegatos contra el modelo médico en la definición del trabajo profesional del psicólogo no significan que la relación uno a uno se deba perder; tampoco se requiere reinventar los problemas de estudio de la psicología, ni tampoco los problemas psicológicos de la gente; siempre se ha tratado de algo muy bien identificado: el sufrimiento moral humano y el desarrollo de las potencias intelectuales.

Tomado de:https://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol22num2/articulos/psicologia/index.html

¡Cuidado con el índice glucémico de alimentos!



Íñigo Verdalet Guzmán
Paulina Cecilia Téllez Sánchez
Elvia Cruz Huerta
¿Qué es el índice glucémico, o IG?
Preocuparse por una buena alimentación es un aspecto muy importante de la vida de los seres humanos, porque practicar una dieta adecuada ayuda a gozar de una buena salud. Las enfermedades relacionadas con la forma de alimentarse, como diabetes, obesidad, problemas cardiovasculares, cáncer (principalmente de colon y de mama), entre otras, han impulsado un creciente interés científico por estudiar las mejores condiciones para alimentarse. Por supuesto que la alimentación no es por sí misma el elemento causal único de ciertas enfermedades, pero se sabe que es uno de los factores que deben considerarse, tanto por su consumo excesivo como por la carencia de alimentos nutritivos.
Por ejemplo, a través de los años han surgido distintas recomendaciones en cuanto a los requerimientos de los hidratos de carbono (HC), que son nutrimentos que proporcionan la energía necesaria para que el organismo realice sus funciones corporales. De ellos, el almidón es la principal fuente de energía (58% de las calorías totales), pero el consumo excesivo se relaciona con problemas cardiacos, diabetes y cáncer. Hasta hace algunos años las recomendaciones de consumo se basaban en la cantidad o proporción en que debían ser incluidos en la dieta, y se creía que los HC complejos aumentaban los niveles de glucosa de manera más lenta que los simples, pero se ha comprobado que lo anterior no es del todo cierto.
La glucemia es la cantidad de “azúcar” (glucosa) en la sangre. Cuando estamos en ayunas, la glucemia es aproximadamente de un gramo de glucosa por cada litro de sangre; al comer un glúcido (HC, almidón), éste se transforma en glucosa por medio de la digestión y la acción enzimática; de esta forma se genera el aumento de la glucemia, lo que da origen a la secreción de insulina, y aumenta asimismo el riesgo de subir de peso. La papa, el pan blanco y el arroz blanco son alimentos con alto contenido en HC complejos que se absorben más rápidamente que el azúcar (HC simple), y por lo tanto son menos adecuados en la dieta de los diabéticos.
En 1981 se desarrolló el término “índice glucémico” (IG) de los alimentos –también llamado índice glicémico–, cuando el doctor David Jenkins, en su afán por buscar alimentos adecua- dos para la alimentación de los pacientes diabéticos, desarrolló una clasificación de los alimentos tomando en cuenta la curva glucémica generada por ellos, definiendo al IG como una forma numérica de describir la rapidez de absorción de los hidratos de carbono de un determinado ali- mento. Posteriormente, esta clasificación fue adoptada mundialmente por organizaciones como la FAO y la OMS, las cuales recomiendan consumir alimentos con un IG bajo.
El IG se mide en una escala que va del 1 al 100. El azúcar blanca, o sacarosa, se encuentra entre los más elevados, con una puntuación de 100. Los alimentos ricos en hidratos de carbono pueden tener un IG alto, cuyo efecto será elevar rápidamente los niveles de glucosa en la sangre, o un IG medio y bajo, que incrementan lentamente dichos niveles y evitan los picos altos. Cuando el IG es de 70 o más, es de valor alto; si va de 56 a 69 es medio, y de 55 o menos será bajo. Muchos vegetales tiene un índice bajo, pero otros, en determinadas circunstancias, lo tienen alto y se debe reducir su consumo o evitarlo.
¿Qué factores determinan el IG?
Hay diversos factores que influyen en el valor del IG de los alimentos:
  • El contenido de fibra tanto soluble como insoluble: a mayor con- tenido de fibra, el IG del alimento será menor ya que la fibra total disminuye la acción enzimática; la soluble aumenta el volumen del contenido gástrico y la insoluble actúa como barrera.
  • La cantidad de proteínas: entre mayor sea el contenido, el IG será menor debido a que forma un complejo proteínico que retarda el vaciado gástrico.
  • La cantidad de grasas: entre más grasa contenga el alimento, menor será su IG, pues forma un complejo con el almidón y retarda la acción enzimática.
  • El grado de gelatinización del almidón: entre más gelatinizado se encuentre, mayor será el IG del alimento, toda vez que el almidón gelatinizado es más susceptible a la acción enzimática.
  • El pH del alimento: entre más ácido sea, tendrá menor IG debido a que la acidez disminuye el vaciado intestinal.
  • El contenido de fructosa: los alimentos ricos en fructosa, como las frutas, tienen un IG bajo y se asimilan más lentamente, creando un flujo moderado de glucosa en la sangre y una respuesta insulínica moderada.
  • El procesado del alimento: el IG será más elevado en los alimen- tos que se han sometido a un proceso porque durante éste el almidón se gelatiniza, además de que aumenta su superficie de contacto enzimático.
La determinación del IG se hace mediante una prueba de san- gre en la que se les proporciona a los participantes 50 gramos de carbohidratos del alimento elegido. A determinados tiempos, se toman muestras de sangre, los valores obtenidos se grafican y se calcula el área bajo la curva de la respuesta glucémica. Estos valores se incluyen en una ecuación con el alimento base, la cual arrojará el valor numérico del IG de ese alimento.
Antiguamente el valor de referencia estaba dado por el pan blanco y la glucosa, pero con el fin de estandarizar el método para determinar ese valor se decidió utilizar únicamente a la glucosa como alimento de referencia. El valor 100 corresponde también a 100% de la absorción intestinal de la glucosa ingerida.
¿Cuál es la importancia del IG?
Es muy importante considerar la clasificación de los alimentos según su IG para conservar la figura y mantener la salud, prevenir la enfermedad o tratar ciertos padecimientos como la obesidad, la diabetes mellitus, los problemas cardiovasculares (hipocolesterolemia o ateroesclerosis) o el cáncer.
La obesidad es un padecimiento que aumenta día con día en la población mexicana, esta enfermedad es uno de los factores que integran el llamado “síndrome metabólico”, el cual se desarrolla cuando hay intolerancia a la glucosa, hiperinsulinemia posprandial, obesidad, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia e hipertensión.
Una dieta con hidratos de carbono de IG bajo ayuda en el tratamiento y prevención de estas enfermedades de la siguiente manera:
Al consumir alimentos de IG bajo, los niveles de glucosa se elevan lentamente en la sangre, por lo que la estimulación del páncreas disminuye y la secreción de insulina se mantiene asimismo baja, disminuyendo por ende la hiperinsulinemia y la aparición del hambre, pues se retarda la secreción de noradrenalina y cortisol, que son hormonas que estimulan el apetito.
También disminuye la acumulación de grasa, pues al consumir alimentos con IG bajo disminuye la circulación de ácidos grasos libres, lo cual es necesario en el tratamiento de la diabetes porque es una herramienta útil para el control de los niveles de glucosa. Al darle preferencia a los alimentos con IG bajo, se puede mantener la glucemia en niveles adecuados o prevenir su aumento en caso de que la persona muestre predisposición a desarrollar aquella enfermedad, de donde resulta que su aparición puede ser retardada ya que disminuye la estimulación del páncreas.
Las dietas con alimentos de IG bajo disminuyen también los niveles de colesterol total y los triglicéridos, manteniendo así las arterias elásticas y sanas, aumentando el flujo sanguíneo y disminuyendo la posible formación de coágulos, con lo que disminuye el riesgo cardiovascular.
Importancia de la carga glucémica
El IG no es el único factor que determina la elevación del nivel de glucosa en la sangre. Para poder comparar mejor los efectos metabólicos de los alimentos en función de su IG, en 1997 se desarrolló el concepto de “carga glucémica” (CG), que toma en cuenta el IG del alimento y la cantidad de hidratos de carbono de una porción para poder determinar el grado de absorción. Cuando se ingiere la misma cantidad (en gramos) de dos alimentos con IG similar, el aumento del nivel de azúcar en sangre será menor con el alimento que tenga un menor contenido de hidratos de carbono. De igual manera, si comemos dos alimentos con igual IG pero cuyas porciones sean distintas, la menor porción producirá un menor aumento de glucosa.
La CG depende del tamaño de la porción, de modo que si se administra el doble del alimento, la carga glucémica será también el doble. Por otro lado, diversos estudios han demostrado que la actividad física frecuente protege de enfermedades, principalmente las crónico-degenerativas. La prevención se relaciona directamente con el tiempo y la intensidad del esfuerzo físico, recomendándose al menos 30 minutos durante cinco días a la semana para lograr un beneficio protector y un apoyo oportuno para mejorar el efecto de la dieta, porque sin ejercicio no hay dieta.
Para ayudar al conocimiento del IG y de la CG, se muestran en la tabla adjunta los valores de IG y CG de diferentes alimentos.
Índice glucémico y carga glucémica de algunos alimentos consumidos en México
GRUPO DE ALIMENTOSIGPorción (g)CG
Cereales y sus derivados   
Hotcakes de paquete678039
Waffles763510
All-Bran de Kellog’s42309
Bran Flakes de Kellog’s743013
Corn Flakes de Kellog’s813021
Corn Pops de Kellog’s803021
Crispix de Kellog’s873022
Cheerios de General Mills743015
Chocapic de Nestlé843021
Froot Lups de Kellog’s693018
Honey Smack de Kellog’s713011
Raising Bran de Kellog’s613012
Special K de Kellog’s693014
Total de General Mills763017
Zucaritas de Kellog’s553015
Pan blanco de trigo703010
Pan integral71309
Pan de trigo con granos enteros533011
Pan tostado Melba703016
Pan de hamburguesa61309
Pan de centeno50306
Pan de centeno integral58308
Panecillo (mufin) de arándano595717
Panecillo (mufin) de avena hecho de paquete695024
Panecillo (mufin) de chocolate hecho de paquete535015
Panecillo (mufin) de elote (bajo en amilosa)1025730
Panecillo (mufin) de manzana hecho con azúcar446013
Panecillo (mufin) de plátano, avena y miel hecho de paquete655017
Panecillo (mufin) de salvado605715
Panecillo (mufin) de zanahoria625720
Panqué545315
Pasta de repostería595715
Pastel de chocolate de paquete con betún de chocolate3811120
Pastel de vainilla de paquete con betún de vainilla4211124
Cuerno, pan dulce675717
Dona, pan dulce764717
Galletas de avena54259
Galletas de centeno642511
Tortilla de harina de trigo30508
Tortilla de maíz525012
Espagueti hervido en agua 20 minutos6118027
Espagueti hervido en agua 15 minutos4418021
Espagueti hervido en agua 5 minutos3818018
Espagueti integral3718016
Espirales cocidos al dente4318019
Fetuccini4018018
Fideos4518020
Macarrón4718023
“Noodles” instantáneos4718019
Arroz blanco cocido en agua6415023
Arroz integral5515018
Cebada perla2515011
Tubérculos   
Camote6115017
Papa al horno8515026
Papa hervida 35 minutos9215016
Papas a la francesa, congeladas, recalentadas en horno de microondas7515022
Puré de papa7415015
Puré de papa instantáneo8515017
Papa al horno8515026
Leguminosas   
Alubias3815012
Chícharos48803
Frijoles soya cocidos en agua181501
Frijoles bayos381509
Frijoles negros301507
Frijoles pintos cocidos en agua con sal141504
Garbanzos281508
Lentejas291505
Verduras   
Calabaza75803
Elote5315017
Nabo721507
Nopales71000
Zanahoria47803
Frutas   
Cerezas221203
Chabacanos571205
Chabacanos deshidratados311209
Chabacanos hidratados en almíbar646012
Chicozapote4012012
Ciruela391205
Ciruela pasa sin semilla296010
Coctel de frutas enlatado551209
Dátiles deshidratados1036042
Durazno421205
Durazno enlatado en almíbar581209
Fresas401201
Higos deshidratados616016
Mango511208
Manzana381206
Manzana deshidratada296010
Melón651204
Mermelada de fresa513010
Naranja421205
Papaya5912010
Pasas646028
Pera381204
Piña591207
Plátano5212012
Sandía721204
Toronja251203
Uvas461208
Lácteos   
Leche entera272503
Leche descremada322504
Leche condensada y endulzada6125083
Yogurt natural362003
Yogurt para beber bajo en grasa3820011
Yogurt bajo en grasa con fruta272007
Yogurt sin grasa con edulcorante242003
Helado61508
Bebidas   
Milo, polvo sabor a chocolate disuelto en leche entera de vaca362509
Quick, polvo sabor a chocolate disuelto en leche semidescremada412505
Quick, polvo sabor a fresa disuelto en leche semidescremada (.5%)352504
Yakult, leche fermentada con lactobacilos46656
Leche de soya442508
Coca-cola6325016
Fanta6825023
Gatorade7825012
Jugo de manzana sin endulzar4025012
Jugo de naranja5025013
Jugo de piña sin endulzar4625016
Jugo de tomate enlatado sin azúcar382504
Jugo de toronja sin endulzante4825011
Jugo de zanahoria fresco4325010
Golosinas y botanas   
Chocolate con leche435012
Chocolate Marsh656026
Chocolate Snickers556019
Chocolate Twix446017
Barra deportiva Power Bar566524
M&M’s de cacahuate33306
Nutella33204
Natilla preparada de polvo con leche entera351006
Pudín instantáneo, preparado de polvo con leche entera441007
Turrón de Gijón32304
Dulces de goma783022
Salvavidas sabor a menta703021
Skittles705032
Pretzels horneados833016
Palomitas de maíz regulares cocidas en horno de microondas72208
Papas fritas regulares con sal545011
Totopos de maíz635017
Cacahuates23502
Nueces de la India22503
Productos preparados   
“Dedos” de pescado381007
Nuggets de pollo, congelados y recalentados en horno de microondas461007
Burrito de frijoles refritos y salsa de tomate281005
Taco de frijoles refritos y salsa de tomate391009
Taco frito de papa, jitomate y lechuga7810011
Pizza de queso6010016
Pizza Suprema (Pizza Hot)301007
Pizza vegetariana4910012
Espagueti a la boloñesa5236025
Ravioles rellenos de carne, cocidos en agua3918015
Sopa de chicharrón enlatada6625027
Sopa de lentejas enlatada442509
Sopa de tomate382506
Sopa minestrone392507
Sushi5210019
Ensure5023719
Azúcares   
Fructuosa19102
Glucosa1001010
Lactosa46105
Maltosa1051011
Sacarosa68105
Miel de abeja732515
FUENTE: Noriega, E. (2004). El IG. Cuadernos de Nutrición, 27(3), 117-124.

Para el lector interesado
Arteaga Ll., A. (2006). El Índice Glicémico. Una controversia actual. Nutrición Hospitalaria, 21, 55-60.
Jiménez C., A., Seimandi M., H. y Bacardí G., M. (2003). Efecto de dietas con bajo IG en hiperlipidémicos. Nutrición Hospitalaria, 18, 331-335.
Noriega, E. (2004). El IG (I). Cuadernos de Nutrición, 27(3), 117-124.
Noriega, E. (2004). El IG (II). Cuadernos de Nutrición, 27(4), 165-172.
Verdalet G., I. (2000). La importancia de una cultura alimentaria. La Ciencia y el Hombre, 13(3), 19-26.
Verdalet G., I. (2001). Alimentos funcionales para una alimentación adecuada. La Ciencia y el Hombre, 14(2), 35-40.
Verdalet G., I. (2002). Los hábitos alimentarios. La Ciencia y el Hombre, 15(3), 39-40.

Publicado en:https://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol22num2/articulos/cuidado/index.html

sábado, 17 de enero de 2015

La mejor dieta para el sexo

Si estás esperando durante el día para celebrar alguna ocasión especial con tu pareja, aquí te damos la dieta del día que te ayudará a tener el mejor desempeño sexual en el momento esperado. Anímate a probarla.
Desayuno: Avena con polvo de cacao y nueces.
Por qué funciona: La avena reduce el colesterol, y los polifenoles del cacao en polvo sin azúcar ayudan a amplificar las propiedades de la harina de avena y aumentar el HDL (el colesterol bueno). La conexión entre la dieta y la libido aquí es un mejor flujo sanguíneo: niveles saludables de colesterol significan menor probabilidad de obstrucciones arteriales. La acumulación de placa en las arterias reduce el flujo de sangre – incluyendo el flujo en el pene. Las nueces son una buena fuente de ácidos grasos omega-3, conocidos por impulsar dopamina y arginina, el aminoácido que aumenta la producción de óxido nítrico. El óxido nítrico es el compuesto químico necesario para las erecciones.
Almuerzo: Sopa de carne, hongos y cebada.
Por qué funciona: Este almuerzo está diseñado para aumentar la testosterona, la hormona más importante para una libido saludable. La carne es rica en zinc, el mineral definitivo del sexo. El zinc bloquea la enzima que convierte la testosterona a estrógeno. Algunos hongos, como las setas de botón blancas, también bloquean la conversión. La cebada es un cereal integral, que mantendrá la sensación de saciedad por más tiempo, haciendo que el cuerpo funcione de mejor manera.
Tentempié: Apio con mantequilla de maní.
Por qué funciona: El apio crudo contiene androsterona, una hormona masculina que se cree que atrae a las mujeres.Una vez que se come, la hormona se libera a través de las glándulas sudoríparas. Además, el apio es un alimento bajo en calorías que también refresca el aliento. La mantequilla de maní es alta en grasas monoinsaturadas, que aumentan la dopamina. El aumento de la dopamina puede aumentar el placer sexual femenino.
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LA MEJOR DIETA PARA EL SEXO was last modified: enero 17th, 2015 by Farmacia


Fuente:http://www.blogdefarmacia.com/la-mejor-dieta-para-el-sexo/

jueves, 15 de enero de 2015

REMEDIOS NATURALES CONTRA EL ESTREÑIMIENTO

¿QUÉ ES EL ESTREÑIMIENTO?

El estreñimiento es una condición que consiste en la falta de movimiento regular de los intestinos o que no se vacían totalmente cuando se mueven. Este es un mal muy común debido a que las personas se han vuelto más sedentarias, toman poco líquidos y consumen alimentos con poca fibra. Sin embargo, muchas veces se desarrolla el estreñimiento, también, en determinadas situaciones como cuando se viaja o cuando la persona sufre un período de estrés.
Si sufres de constipación intestinal e ir al baño para ti es una tortura, aquí te mostramos una lista de los mejores remedios naturales contra el estreñimiento que te pueden ser de gran ayuda.

10 REMEDIOS NATURALES CONTRA EL ESTREÑIMIENTO

1. CIRUELA

ciruela para el estreñimiento
Reconocidas como un laxante natural son ricas en antioxidantes, vitamina A, potasio, hierro, fibra dietética y sorbitol, sustancia a la que se le atribuye su efecto laxante, toda vez que favorecen el trabajo del aparato digestivo

2. ALOE VERA O SÁBILA

aloe vera contra el estreñimiento
Tomar diariamente su jugo tiene un efecto laxante que ayuda a evacuar el intestino de manera natural. Se ha demostrado que hay evidencia científica buena de sus beneficios y sería la aloína la responsable de combatir el estreñimiento.

3. PLANTAGO

Plantago remedios naturales contra el estreñimiento
El estreñimiento es un problema muy incómodo, incluir plantago en la dieta, una hierba originaria de la India, rica en fibra, sería un remedio muy efectivo para combatirlo. En algunos estudios se refiere que hay evidencia científica buena sobre sus propiedades para absorber el agua, aumentar la masa fecal y estimular el tránsito intestinal.

4. MANZANA

Manzana remedios naturales contra el estreñimiento
El mejor remedio para el estreñimiento e ir al baño sin problemas es la manzana. La frutacontiene pectina, una sustancia que promueve el correcto funcionamiento de los intestinos, además es rica en fibra que ablanda las heces y favorece su expulsión.

5. GUINEO, BANANO O PLÁTANO

guineo contra el estreñimiento
El plátano no es sólo de una de las frutas más consumidas en el mundo, por su alto contenido en fibra es un poderoso laxante. Una pieza promedio aporta el 12% de la ingesta de fibra diaria recomendada y gracias a su contenido en oligosacáridos, sustancias que llegan al intestino grueso sin digerir, favorece la correcta digestión.
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6. CEBOLLA

cebolla remedios naturales contra el estreñimiento
Es un poderoso laxante natural. Comer cebolla cruda activa la secreción de los jugos gástricosy favorece la adecuada salud de la flora intestinal. Además, la quinina que contiene estimula el hígado, la vesícula, el páncreas y favorece las funciones del estómago.

7. AJO

Ajo contra el estreñimiento
Desde Hipócrates, “el padre de la Medicina”, se hablaba del efecto laxante del ajo. Una pequeña porción contiene grandes cantidades de alicina y selenio, dos compuestos naturales que activan las enzimas del hígado que ayudan al cuerpo a eliminar toxinas. Comer medio diente de ajo crudo cuida los intestinos y favorece la secreción de jugos estomacales.

8. ZANAHORIA

Zanahoria remedios naturales contra el estreñimiento
Esta verdura es excelente para favorecer la digestión y estimular la producción de jugos gástricos, aliviando el estreñimiento. De acuerdo con la Universidad de Harvard, media taza de zanahorias contiene alrededor de 2 gramos de fibra, parte esencial para una buena salud digestiva.

9. TOMATE

remedios naturales contra el estreñimiento
Cocinado o crudo, en salsas o ensaladas, por su alto contenido en fibra y otras sustancias, el tomate en un suave laxante que ayuda a regular la función intestinal y a reducir el riesgo de enfermedades gastrointestinales. Al ser un alimento rico en fibra aumentar el volumen y el contenido de agua de las heces, lo que facilita su evacuación.

10. REGALIZ

regaliz remedios naturales contra el estreñimiento
El extracto de raíz de regaliz es uno de los condimentos más antiguos y se usa en la medicina alternativa como laxante. Tomar un té de regaliz te ayudará a facilitar la digestión y expulsar las heces con mayor facilidad gracias a su poder laxante natural. Debido a que estimula la función renal y regula la digestión, genera una acción protectora del hígado.
Estos remedios naturales te van a ayudar a eliminar el estreñimiento por el resto de tu vida, pero reiteramos que SIEMPRE DEBES CONSULTAR CON TU MEDICO antes de decidir tomar algún suplemento natural y bajo ninguna circunstancia puedes dejar el tratamiento que te haya recomendado. Debes hacer en todo momento lo que tu doctor te indique!
Fuente e imágenes: Univision
http://www.dominicanohoy.com/remedios-naturales-contra-el-estrenimiento/#

lunes, 12 de enero de 2015

Los 8 magníficos Alimentos Alcalinos

8 magníficos Alimentos Alcalinos

Alimentos Alcalinos 1:  Espinaca
Según la Tabla del pH de los alimentos la Espinaca tiene un valor de 8 (el número no indica el pH sino el nivel de acidez/alcalinidad dentro de 8 posibilidades)
Es un potente alcalinizador, y tiene un altísimo contenido de vitaminas K y A y manganeso, una buena cantidad de ácido fólico (vitamina B9), vitaminas C, E  y magnesio, hierro, calcio, potasio, clorofila, y fibra.
La investigación científica demuestra que es un antioxidante poderoso, que tiende a reducir el cáncer mamario y de los ovarios, y que revierte el envejecimiento motor y neuronal.
 Alimentos Alcalinos 2:  Col rizada
Se le otorga un valor de 7 en una escala de acidez/alcalinidad de 1 a 8.
Tiene un alto contenido de vitaminas K y A, mucha clorofila y además entrega manganeso, magnesio, calcio y hierro, fibra, y algo de Omega 3. Sirve para bajar los niveles de colesterol (especialmente si se come cocida), protege de las enfermedades cardiovasculares y del cáncer (por su contenido de glucocinates).
 Alimentos Alcalinos 3:  Pepino
Valor de acidez/alcalinidad:  5  (en una escala de acidez/alcalinidad de 1 a 8)
Es hidratante, ya que contiene un 95% de agua, y por esto mismo sirve como base para todo tipo de jugos y sopas. Tiene un alto contenido de vitaminas C y K, y un contenido algo menor de vitaminas A y B, así como los minerales de calcio, hierro, fósforo, potasio, magnesio, selenio, cobre, manganeso, hierro y zinc. Contienen grandes cantidades de antioxidantes, entre ellos los lignanos, un tipo de polifenoles que se asocia  a la prevención del cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
Alimentos Alcalinos 4:  Brócoli
Valor de acidez/alcalinidad:  8  (en una escala de acidez/alcalinidad de 1 a 8)
Tiene un alto contenido de vitamina A, C, B9 (ácido fólico) y K. y en menores cantidades tiene también vitamina B2, B5, B6 y E. También contiene manganeso, potasio, molibdeno, fósforo, magnesio, calcio y selenio. Tiene un considerable contenido fibra y algo de proteínas.
Numerosas investigaciones apoyan sus variados beneficios para la salud: su rol en la prevención del cáncer y las enfermedades cardiovasculares, en favorecer los procesos digestivos, los procesos orgánicos de desintoxicación, el metabolismo, la piel y el sistema inmunológico, además de ser antinflamatorio y tener altas cantidades de antioxidantes. Por todas estas razones, se recomienda su consumo al menos 4 veces por semana.
Alimentos Alcalinos 5:  Aguacate
Valor de acidez/alcalinidad:  (en una escala de acidez/alcalinidad de 1 a 8)
Pese al recelo de algunas personas hacia el aguacate por ser un alimento rico en grasas, su alto contenido de ácido oleico  (Omega 9) hace que – a semejanza del aceite de oliva – sea un inmenso aporte a la salud y al buen estado físico. El ácido oleico aumenta el nivel de colesterol bueno (HDL, High Density Lipoproteins) y baja el del colesterol malo (LDL, Low Density Lipoproteins), previniendo las enfermedades cardiovasculares. El ácido oleico también estimula la producción de antioxidantes y acelera el metabolismo, ayudando a perder peso.
El aguacate tiene muchos otros nutrientes y componentes beneficiosos: antioxidantes como el alfa y beta caroteno, luteína y selenio.  Sirve como antinflamatorio,  tiene un efecto preventivo para la enfermedad cardiovascular y el cáncer y ayuda a controlar la diabetes. Tiene alto contenido de vitamina K y ácido fólico, y cantidades importantes de vitamina C, B5 y B6, además de potasio y fibra.
Alimentos Alcalinos 6:  Apio
Valor de acidez/alcalinidad:  7  (en una escala de acidez/alcalinidad de 1 a 8)
Al igual que el pepino, el apio sirve como base para jugos y sopas por su gran proporción de agua.
Su alto contenido de vitamina C hace que mejore el sistema inmunológico, disminuya la inflamación (aliviando la artritis, osteoporosis y otros problemas inflamatorios) y prevenga la arterosclerosis y enfermedad cardiovasculares. La presencia de ftalinas baja los niveles del colesterol dañino y por lo tanto, también ayuda a prevenir los trastornos cardiovasculares. Otros nutrientes son las cumarinas, que también tendrían un efecto protector contra el cáncer. Su alto contenido de sodio y potasio lo convierte en diurético y promueve la pérdida de peso. Tiene también un altísimo contenido de vitamina K, algo de vitamina A y ácido ascórbico, así como molibdeno, manganeso, calcio, magnesio y algunas vitaminas del complejo B.
Alimentos Alcalinos 7:  Pimiento dulce
Valor de acidez/alcalinidad:  6  (en una escala de acidez/alcalinidad de 1 a 8)
Una de sus grandes ventajas es que se puede combinar con casi todas las comidas y les agrega un toque de sabor.
Es el alimento antioxidante por excelencia. Tiene  innumerables compuestos antioxidantes, tales como luteolina, luteína y ácido ferúlico; pero entre sus antioxidantes, los más importantes son los carotenoides (de los cuales tiene más de treinta), por la extensa investigación que se ha llevado a cabo que demuestra sus beneficios para la salud.
Se ha demostrado que los pimientos dulces disminuyen el riesgo de enfermedad cardiovascular, la diabetes tipo II, la degeneración macular, el cáncer, etc.
En relación a las vitaminas, los pimientos dulces tienen una enorme cantidad de vitamina C (igual que las naranjas), una buena cantidad de vitamina A, y casi todo el complejo B, vitamina E y K. Su contenido de minerales consiste principalmente en molibdeno, potasio, manganeso y magnesio.
Alimentos Alcalinos 8:  Espárragos
Valor de acidez/alcalinidad:  7  (en una escala de acidez/alcalinidad de 1 a 8)
Ayudan a reducir los niveles de colesterol en la sangre, tiene propiedades antioxidantes, mejoran la circulación sanguínea, disminuyen la presión arterial, tienen propiedades diuréticas y estimulan los movimientos peristálticos (mejoran la digestión).
Artículo: 8 magníficos Alimentos Alcalinos
 Fuente: http://muybio.com/los-8-magnificos-alimentos-alcalinos via Muybio.com